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Cómo hacer del 'compliance' una realidad

Aunque existían algunas iniciativas en ámbitos regulados, el desembarco del compliance en España se produjo entre los años 2010 y 2015, con la entrada en vigor del conocido art. 31 bis del Código Penal y la responsabilidad penal corporativa. El legislador pretendía exigir a las empresas un alto nivel de compromiso ético que mantuviera las reglas de la sana competición empresarial, sobre la base del control de sus empleados y directivos para evitar conductas ilícitas. El Código Penal (CP) se convirtió entonces en la expresión de un estándar de ética empresarial, y los jueces y fiscales en analistas privilegiados de la cultura compliance de las empresas. Con el acicate del CP, el tejido empresarial español, especialmente grandes y medianas organizaciones, ha desarrollado en una primera etapa un esfuerzo notable por implantar los llamados programas de prevención de delitos. No obstante, debemos pasar a una etapa con miras superiores donde resulta necesario diseñar y ejecutar sistemas de gestión de compliance más globales, entendiendo la gestión de riesgos normativos como una oportunidad para mejorar las decisiones corporativas y no solo como la mera evitación de riegos penales. En este sentido, han sido bienvenidas las recomendaciones de reguladores y supervisores, así como los estándares ISO 19600, UNE 19601 e ISO 37001, especialmente importantes en la configuración del compliance como un sistema de gestión vivo y dinámico basado en el ciclo plan-do-check-act, las exigencias en la cadena de suministro, la gestión del riesgo de terceros, o establecimiento de políticas globales de anticorrupción. Por otro lado, hemos vivido el "nacimiento y crecimiento" de una profesión como es la de compliance officer que se ha ido extendiendo en todo tipo de compañías, no solo las de los entornos típicamente regulados. Desde la fundación de Cumplen, Asociación de Profesionales de Cumplimiento Normativo en 2014, nuestro empeño ha sido el de la profesionalización de los profesionales del Cumplimiento y la difusión de buenas prácticas, para ayudar a que el compliance se convierta en una realidad, más allá de los Códigos y las Políticas. Y es que es necesario asumir que estamos ante una nueva era para las organizaciones donde resulta fundamental conocer y gestionar los riesgos normativos, establecer un elevado listón ético, fomentar una auténtica cultura de compliance desde el directivo hasta el becario, y considerar al compliance como una oportunidad para desarrollarse en un mercado competitivo, ser resilientes, ser más eficaces en las relaciones con terceros, y en definitiva, tomar mejores decisiones con más información, en un entorno económico y social complejo y global. Enlace: http://www.expansion.com/juridico/opinion/2018/03/22/5ab29405e5fdea98168b4617.html

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